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Secar disolventes en serio

Sodio sobre benzofenona, hidruro cálcico, tamiz molecular activado, columnas de alúmina. Cada disolvente exige un método distinto. Cómo saber cuándo el éter está realmente seco y por qué la respuesta no es la misma cada año.

El agua que importa, en química anhidra, no es la que mojaría un trozo de papel. Es la que cabe en cien partes por millón. Una concentración de 50 ppm de agua en un balón de cien mililitros es del orden de cinco miligramos —invisible a la vista, irrelevante para casi todo en la vida ordinaria, suficiente para arruinar una reacción de butil-litio o un Grignard delicado. La química anhidra no es química seca: es química muy, muy seca, y «muy» es una decisión técnica que cambia con cada disolvente.

Hay una jerarquía operativa de calidad de secado que conviene tener clara. Disolvente de bote, sin tratar: 200 a 1000 ppm de agua. Tamiz molecular en el bote durante una semana: 50 a 200 ppm. Columna de alúmina activada (sistema comercial): 10 a 30 ppm. Destilación sobre desecante: 1 a 10 ppm, dependiendo del disolvente y del desecante. Cada nivel cambia qué reacciones puedes hacer.

Los desecantes clásicos y por qué se eligen distintos

Los desecantes operan por mecanismos químicos diferentes y no son intercambiables. La elección depende de qué disolvente quieres secar y qué residuos puedes tolerar.

Sodio metálico, en alambres o en trozos. Reacciona con agua dando NaOH y H2. Es el desecante clásico para hidrocarburos —hexano, tolueno, benceno— y para éteres no halogenados, en particular dietil éter. La señal de actividad es el burbujeo de hidrógeno cuando el disolvente todavía está húmedo; cuando deja de burbujear, el disolvente está aproximadamente seco. Aproximadamente es importante: el sodio reacciona lentamente con agua a temperatura ambiente, y para alcanzar baja parte por millón hace falta horas o destilación.

Sodio nunca con disolventes clorados —el sodio reduce los enlaces C–Cl con consecuencias variadas, desde productos no deseados hasta explosión. Tampoco con cetonas o alcoholes: reduce las cetonas, deprotona los alcoholes.

Sodio/benzofenona. El sistema clásico para THF y dietil éter. La benzofenona, en presencia de sodio metálico y trazas de agua, forma el cetilo de sodio, un radical anión profundamente azul oscuro o púrpura. Mientras hay agua, el cetilo se descompone y el color desaparece o vira a marrón. Cuando el disolvente está seco, el color persiste estable, indicación visible de que ya no hay agua que reducir. Es uno de los pocos sistemas con indicador interno: sabes que está seco porque lo ves.

El sistema funciona bien para THF y éter; mal para dimetoxietano (DME) y peor para algunos polares apróticos.

Hidruro cálcico. CaH2 reacciona con agua dando Ca(OH)2 y H2. Es el desecante de elección para acetonitrilo, diclorometano, trietilamina, dimetilformamida, dimetilsulfóxido. Es selectivo: no reduce cetonas ni ésteres, no reacciona con halogenados de forma problemática, no es violento como el sodio. La destilación sobre CaH2, normalmente bajo argón, es la forma estándar para estos disolventes.

El detalle: CaH2 es lento. Hay que dejar el disolvente sobre el desecante varias horas, idealmente con calentamiento suave, antes de destilar. La destilación rápida sobre CaH2 recién añadido produce disolvente todavía húmedo.

Tamiz molecular activado. Zeolitas sintéticas con poros de tamaño calibrado —típicamente 3 Å o 4 Å— que adsorben agua selectivamente por exclusión de tamaño. Los 3 Å retienen agua y dejan pasar moléculas más grandes; los 4 Å retienen también metanol. Se activan a 250–300 °C bajo vacío durante varias horas antes de uso, y deben mantenerse al alto vacío o bajo argón seco; expuestos al aire pierden actividad rápidamente.

El tamiz es la opción más sencilla para mantener un disolvente seco una vez ya secado por otro método: añadir tamiz al bote y dejar veinticuatro horas captura las trazas residuales y mantiene el disolvente en condición de uso. Para secado primario de un disolvente de bote, es aceptable pero lento.

Sulfato de magnesio anhidro. Es el desecante de extracciones acuosas, no un desecante de disolventes orgánicos para uso anhidro estricto. MgSO4 baja agua a niveles de unos cuantos cientos de partes por millón, suficiente para casi cualquier química no anhidra, insuficiente para Grignard o butillitio. La distinción importa.

Las columnas de alúmina activada

El sistema más cómodo de los últimos veinte años: columnas comerciales rellenas de alúmina activada por las que pasa el disolvente bajo argón y sale por la otra punta seco. Sin destilación, sin sodio, sin riesgo de incendio. Para THF, éter, diclorometano, tolueno, hexano y acetonitrilo, las columnas comerciales —Pure Solv, M·Braun, otros— alcanzan típicamente entre 5 y 20 ppm de agua, comparable a destilar y, sobre todo, mucho más reproducible1.

La contrapartida es la inversión inicial —el sistema cuesta varios miles de euros— y el mantenimiento periódico —regenerar las columnas saturándolas con disolvente seco y secándolas a vacío caliente—. Pero para un grupo activo de química anhidra, el ahorro de tiempo y el aumento de seguridad compensan rápido.

Cómo saber si está realmente seco

El método estándar es Karl Fischer: una titulación coulométrica donde el agua reacciona con yodo en presencia de SO2 y una base, y se cuantifica por la corriente requerida. El equipo es relativamente económico, las titulaciones son rápidas, y dan resultados absolutos en partes por millón. Cualquier laboratorio que haga química anhidra en serio debería tener un Karl Fischer, y debería medir al menos sus disolventes principales una vez al mes, especialmente después de cambios de bombona o de mantenimiento de la columna.

Sin Karl Fischer, los métodos indirectos son: el color del cetilo en sodio/benzofenona (visual, semi-cuantitativo, válido para THF y éter); la prueba con butil-litio —añadir una gota de BuLi a una muestra del disolvente y ver si el indicador (difenilacetona, fenantrolina) cambia rápidamente o titula despacio—; el comportamiento mismo de la reacción que vas a hacer, que es el peor de los criterios pero el más usado.

El error más común

Hay una situación clásica que vale la pena nombrar. El doctorando llega al laboratorio, abre la espita del Pure Solv para THF, llena su balón, hace su reacción, y le sale mal. La asume húmeda. El siguiente intento llena el balón en la misma espita y sale igual. Después de tres intentos, alguien se acuerda de que la columna no se ha regenerado en tres meses y que está saturada.

El sistema aparentemente automático no es automático: requiere mantenimiento. La fecha de la última regeneración debería estar en una tabla visible al lado del aparato. La calidad del disolvente que sale debería medirse periódicamente. Y la confianza en cualquier sistema sin verificación es la receta para que muchos meses de trabajo se pierdan persiguiendo problemas que la columna ya estaba advirtiendo.

El secado, en este sentido, es como cualquier otra parte del oficio: no es una técnica, es una disciplina de mantenimiento.

Notas

  1. El sistema de columnas de alúmina —comercializado como Pure Solv, M·Braun y similares— es hoy el estándar en grupos serios de química anhidra. Reduce el riesgo y, sobre todo, la dependencia del operador.