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Cómo escribir una tesis de química

Escribir una tesis no es escribir un libro; es construir un objeto institucional. Cómo abordar capítulos, gestión del tiempo, qué va al cuerpo y qué a apéndice, y cómo evitar los seis meses de pánico final.

Una tesis doctoral en química es un objeto bibliográfico extraño. No es un libro, aunque tenga la longitud de uno. No es una colección de artículos, aunque incluya varios. No es un manual, aunque a veces parezca pedírselo. Es una construcción institucional —el estudiante presentando su trabajo doctoral ante un tribunal— con sus propias convenciones, sus propios lectores y sus propias trampas. Quien la trata como un libro la escribe demasiado. Quien la trata como una tarea burocrática la escribe poco. La tesis necesita su propio género, y vale la pena hablar de cómo abordarlo.

Tres tipos de tesis

El primer punto a resolver es qué tipo de tesis vas a escribir. Hay tres formas comunes en química, con regulaciones que varían por institución.

Tesis tradicional o «monográfica». Un texto largo, estructurado en capítulos temáticos, donde la introducción extensa, los métodos, los resultados y la discusión se desarrollan como en un libro. Suele ser el formato preferido por instituciones que valoran la coherencia narrativa. Longitud típica: 200 a 350 páginas.

Tesis por compendio de publicaciones. Una colección de artículos publicados o aceptados, precedida de una introducción general y seguida de una discusión integradora. Más rápida de escribir si los artículos ya existen, pero requiere número mínimo de publicaciones (normalmente tres a cinco) y permiso de las revistas. Predominante en muchas universidades europeas modernas.

Tesis híbrida. Combina capítulos monográficos con artículos publicados insertados como capítulos. Es un compromiso razonable cuando hay algunas publicaciones pero también material no publicado que vale la pena incluir.

La elección del formato depende de qué se ha publicado durante el doctorado, de la regulación institucional y, sobre todo, del tiempo disponible. La tesis por compendio es, casi siempre, más rápida si los artículos ya están escritos.

Estructura del cuerpo

Sea cual sea el formato, casi todas las tesis de química acaban con una estructura similar.

  • Introducción general. Aporte del proyecto, contexto, estado del arte, objetivos. Entre 30 y 60 páginas en una tesis monográfica.
  • Antecedentes específicos o capítulo de revisión. Lo que se sabía cuando empezó el trabajo, especialmente sobre los aspectos que el trabajo aborda directamente.
  • Capítulos de resultados. Tres a cinco, cada uno con su propia introducción específica, sus resultados, su discusión y, a veces, su sección de conclusiones parciales. Cada capítulo es relativamente autónomo.
  • Discusión integradora. Lo que une los capítulos: cómo los resultados de uno afectan a otro, cuál es la imagen global, qué se ha demostrado y qué no.
  • Conclusiones generales. Cinco a quince frases que resumen lo aportado.
  • Sección experimental. Procedimientos, datos espectroscópicos, caracterización completa de cada compuesto. Suele ir como capítulo o como anexo.
  • Bibliografía.
  • Anexos. Espectros completos, archivos cristalográficos, datos suplementarios.

Una tesis bien escrita asigna las longitudes con criterio: la introducción no debería pasar del 20 % del cuerpo principal; los resultados, alrededor del 50 %; la discusión integradora y las conclusiones, el resto. Si la introducción crece más allá de eso, suele ser por inseguridad del autor que se siente más cómodo revisando la literatura que presentando datos propios.

El ritmo

Hay un patrón clásico de fracaso: el doctorando que pasa los últimos tres meses del doctorado en pánico escribiendo, sin tiempo para revisar, sin tiempo para integrar. La forma de evitarlo es empezar antes y escribir gradualmente.

Recomendación práctica: empezar a escribir capítulos de resultados desde el momento en que cada serie experimental cierra. Si una parte del proyecto está terminada en el segundo año, escribirla entonces, mientras los detalles están frescos en la memoria. Esa práctica no solo distribuye la carga: también detecta huecos en los datos a tiempo para llenarlos. Una pregunta que aparece al escribir —«¿cómo era el rendimiento exacto de aquella reacción?»— se responde fácilmente si quedan dos años de doctorado, no si quedan dos meses.

La introducción general suele ser lo último en escribirse. Tiene sentido: una vez que están todos los capítulos, se sabe qué hay que introducir. Escribirla al principio suele requerir reescribirla al final.

Qué va al cuerpo y qué al apéndice

El criterio: si quitar el contenido del lugar donde está rompe la lectura del cuerpo, debe estar en el cuerpo. Si quitarlo no rompe, va al apéndice.

Espectros típicos representativos: cuerpo. Espectros completos de todos los compuestos: apéndice. Mecanismos discutidos: cuerpo. Cálculos detallados de los mecanismos: apéndice. Tablas de rendimientos comparativos: cuerpo. Cromatogramas brutos: apéndice.

El criterio operativo: el cuerpo debería ser legible por un químico cualificado en una semana. Los apéndices deberían contener todo el material para que un químico que quiera reproducir el trabajo pueda hacerlo. Los dos lectores son distintos.

El estilo

Una tesis no es una novela. La prosa puede ser sobria; debe ser clara. Las frases pueden ser largas si están bien estructuradas; deben ser precisas. Los párrafos pueden tener cinco oraciones; deben tener una idea principal cada uno.

Hay un error frecuente que conviene evitar: la pretensión de profundidad por medio de oscuridad. Frases largas con sintaxis enrevesada, vocabulario rebuscado, discusiones que evitan llegar a conclusiones claras. La buena tesis dice lo que pasó, lo que se interpreta y lo que queda sin resolver, en frases que se entienden. La prosa académica que necesita tres lecturas para entenderse no es prosa profunda; es prosa mal escrita.

Recomendación: escribir cada párrafo y, después, pasar una lectura específica para «cortar la grasa». Quitar adverbios innecesarios, frases subordinadas que no añaden, repeticiones de ideas. La operación quita típicamente un 15 % a un 25 % del texto sin perder información. La tesis queda más corta, más densa y más leíble.

El director

El director es el lector más importante de la tesis durante su escritura. Aprovecharlo. Mandarle capítulos según se escriben, no acumular hasta el final. Las correcciones de un capítulo individual son manejables; las correcciones de doscientas páginas devueltas por el director suelen ser desmoralizadoras.

Hay directores que devuelven correcciones rápido y otros que tardan semanas. Conocer el ritmo del propio director, ajustarse a él. Si el director tarda tres semanas en devolver un capítulo, hay que mandárselo tres semanas antes de necesitarlo terminado. Esta planificación elemental evita la mayoría de los pánicos finales.

La defensa

Por último, una palabra sobre la defensa. La tesis se escribe para ser leída por un tribunal pequeño —tres a cinco personas en la mayoría de los sistemas— que dedicarán al texto, en el mejor de los casos, una semana cada uno. Hay que escribir para ese lector: alguien que conoce química pero no específicamente el campo del proyecto, que va a buscar errores y méritos, que tiene tiempo limitado.

Resúmenes claros al inicio de cada capítulo, conclusiones específicas al final, listas de compuestos sintetizados con sus números de referencia, esquemas que se entiendan sin volver al texto. Cada elemento de navegación que se ponga ahorra tiempo al tribunal y, por tanto, mejora la valoración. La presentación importa.

Coda

Escribir una tesis es uno de los proyectos largos individuales más importantes de la vida académica de un químico. Es también una habilidad que casi nadie enseña explícitamente y que muchos doctorandos sufren más de lo necesario. La diferencia entre una tesis dolorosa y una manejable está en la planificación, en la disciplina de escribir gradualmente, en la decisión de no perfeccionar antes de tiempo, y en la conversación regular con el director. Ninguna de estas cosas es química. Pero todas determinan, mucho más de lo que parece, cómo termina el doctorado.